40 años de Lisístrata

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viernes, 29 de septiembre de 2023

domingo, 19 de febrero de 2023

40 años de Lisístrata

 


En 2023 se cumplen 40 años del nacimiento del colectivo feminista universitario LISÍSTRATA, un colectivo de estudiantes de la Universidad de Zaragoza que funcionó durante unos 20 años, ya que se iban relevando las generaciones de estudiantes según terminábamos de estudiar. Aquí un estupendo artículo de Amparo Bella y Paz Cacho sobre el colectivo.

Algunas de nosotras hemos pensado que era el momento de recuperar nuestra memoria en primera persona, porque Lisístrata fue una experiencia que nos marcó, en la que construimos un feminismo alegre, plural y radical, en un momento en el que no había instituciones feministas en la Universidad, y que si no transmitimos nosotras mismas caerá en el olvido. Fue, además, un espacio en el que hicimos grandes amigas.

Hemos pedido a todas las compañeras que hemos podido localizar que escribieran un breve texto respondiendo a estas preguntas:

  • ¿ Cuándo y cómo entraste a formar parte de Lisístrata?
  • ¿Recuerdas alguna actividad especialmente?
  • ¿Qué significó Lisístrata para ti?
  • ¿Cuál ha sido tu relación posterior con el feminismo?
  • Si pudieras volver en el tiempo, ¿lo harías?

Dibujos: Patricia Álvarez

Y les hemos pedido también el material gráfico que pudieran conservar.

Este blog está en construcción. Si no has tenido tiempo de escribir, o si eres una Lisístrata a la que aún no hemos conseguido contactar,  puedes enviarnos tu aportación a lisistratazaragoza@gmail.com y la incluiremos.

Si te gusta difunde, distribuye, escribe!!

Andrea R. Goñi

 

Llegué a Zaragoza a estudiar Veterinaria, venía de Donostia con una trayectoria marcada por la rebeldía contra un sistema opresor, militarista y patriarcal.

 Ya desde el insti participé de un grupo de mujeres jóvenes bien activas e irreverentes. Fueron momentos muy creativos y necesarios para crecer y aprender. Momentos de encuentros con mujeres de todo el estado y de otros países de Europa. Con esta trayectoria, con conexiones cuidadosas y de la mano de una de las Lisístratas, llegué a este grupo. 

 


 

Yo venía de un ambiente bastante monógamo y recuerdo que me llamó la atención la diversidad de mujeres, expresiones y procedencias. Creo que esto es algo que sí que me ha marcado positivamente y de lo que siempre me he sentido orgullosa, ser capaces de confluir y llegar a consensos a pesar de las diferentes procedencias y sentires. Y esta emoción la recojo en una pequeña habitación debatiendo en torno a mesas superpuestas a modo de círculo, maquinando exposiciones públicas de denuncia, jornadas de trabajo internas y encuentros académicos feministas, algo para mi bastante marciano.

 La universidad tenía una connotación elitista, creo que me sentía mujer de campo, con mucho sentimiento hacia otras culturas, países precarizados y colonizados. La dimensión mujer, feminismos, la estaba forjando en pilares vinculados a la historia y las experiencias vivenciales de mujeres luchadoras en espacios y expresiones muy distintas. Me creía con poca capacidad discursiva y por esto, las acciones en la calle eran mis espacios de comodidad, las pintadas, las manifestaciones y los espacios festivos reivindicativos.

 


 

Hoy, después de unas décadas, recuerdo con cariño mi paso por Zaragoza, hoy es el día que la siento mi casa y eso significa un sentimiento profundo de pertenencia y agradecimiento. Aquí se encuentra Lisístrata y los vínculos que hoy seguimos manteniendo. Me encanta encontrar espacios para debatir y evolucionar en el discurso, para mi es un referente. Soy feminista, esta mirada no es transitoria, sigo poniendo en valor y cada vez más lo que recibo de mujeres de procedencias menos privilegiadas, me interpela y hace cuestionar muchos de nuestros planteamientos y propuestas, me siento viva en esta vivencia y quiero seguir aportando con mis incoherencias y en el derecho a equivocarme.

sábado, 18 de febrero de 2023

Manuela Rubio

 1983-1988

Inicio esta tardana contribución con cosquillas en el estómago proyectadas hacia el pasado. Y por el final. Es lo mío: siempre un paso discordante. No volvería a mis 20 años. Prefiero una edad más serena y reposada pero, eso sí, repetiría mil veces mi paso por Lisístrata. He seguido teniendo experiencias en otros grupos de mujeres: desde alguna contribución a grupos de apoyo a Greenham Common, o a mujeres de Latinoamérica, hasta pequeñas aportaciones en mi ámbito laboral o de intervención en mi barrio con un grupo de madres cincuentañeras. Pero ninguna  ha sido tan intensa, ni me ha marcado tanto como mi paso por Lisístrata. 

 


 

 Había hecho la secundaria en el mixto 4 donde ya habíamos creado un grupo de mujeres jóvenes, charla va, charla viene, conexiones con el mixto 4 y el 9, incursiones amorosas en el barrio de San José, obras de teatro feministas y el encierro en el arzobispado por las luchas del Matute. Así que mi interés por el feminismo y la rebeldía parece que me vienen de fábrica.

 Como el germen estaba ahí, cuando entré en la universidad, desde el momento 0, creamos Lisístrata con un pequeño pero potentísimo núcleo de entusiastas lectoras, discutidoras y activistas. Y ahí seguí hasta que acabé la carrera y, las ganas de conocer mundo me llevaron primero a Londres y luego a Barcelona donde sigo ahora mismo. No he conocido a las generaciones de Lisístratas que vinieron después con lo que mi experiencia ha quedado finamente encuadrada, iniciada y acabada en esos 5 años intensamente vividos.

 No esperéis de mí ni fechas, ni nombres, ni detalles concretos. Mi falta de memoria endémica me inhabilita para la historiografía, mientras que me inclina hacia los procesos, las sensaciones y las emociones. Eso que te sale del estómago y va subiendo hasta llegar a tu cerebro para inundarlo todo. Pero después de un inicio breve con 5 o 6 personas (creo que Sesé, Beatriz, Ana, Amparo y yo misma) se fueron incorporando otras compañeras, militantes de ámbitos diferentes, procedentes, fundamentalmente, de la facultad de Letras y de la de Ciencias.

 ¿Y cuáles son esos recuerdos, esas sensaciones que me suben desde el estómago para llenarlo todo? Pues la convivencia de luchas,  las reuniones en la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Letras, las huelgas estudiantiles, las acciones de protesta contra la presencia de entidades bancarias o de la policía en el campus, la creación del grupo estudiantil Akelarre, embrión de donde salieron muchas futuras Lisístratas, el grupo por la paz (GUP), el antimilitarismo, las jornadas conmemorativas del Mayo del 68 (recuerdo un cinefòrun con “La Chinoise” de Godard), la militancia en la izquierda más partidista, grupos de debate en casa del profesor de filosofía José Luis Rodríguez y mil más.

 Pero, por encima de todo, Lisístrata, que irrumpió en la universidad con un caracter y un tono radical, decidido, descarado, sin complejos, que llevó el discurso feminista y tiñó de lila una universidad hasta entonces monocolor. La enmienda a los estatutos de la universidad fue un hito, los carteles mordaces y sin pelos en la lengua que denunciaban el machismo descarnado de algunos profesores, la asistencia a Jornadas Feministas estatales (las de Granada marcaron mi vida), las reuniones con el Frente Feminista (las “mayores”), la Librería de Mujeres (donde compré tantos libros que creo que aún no los he leídos todos), las Jornadas de Solidaridad con mujeres sudamericanas… Y todo ello aderezado con unas buenas cañas, risas, mucha música y aún más baile porque como dijo Emma Goldman “si no la puedo bailar, no es mi revolución”.

 


 

 Estoy bien segura que aquella alegría, aquella fe absoluta en nuestro poder, aquellas ansias de libertad y falta de complejos imprimieron su marca colectiva e individual en la sociedad de entonces y aún  de ahora. Estos últimos años he visto como miles de mujeres jóvenes (también mi hija) paralizaban las clases de institutos y universidades para manifestarse multitudinariamente. También alegres, descaradas, poderosas, reivindicando su cuerpo, su espacio, su manera de hacer, su pensamiento libre. Son nuestras herederas como nosotras lo fuimos del Mayo del 68, o de las sufragistas o de las brujas. Por ellas, por nosotras, ¡felices 40 años!

domingo, 5 de febrero de 2023

Paz Cacho

 

Ya había asistido a algunas actividades organizadas por el grupo, me acuerdo especialmente de una charla sobre lesbianismo que fue a finales de curso de mi segundo año de carrera.Ya había coincidido, esporádicamente, con algunas lisístratas en la cafetería de la facultad de filosofía dónde me pegaba media vida y por la biblioteca donde me pegaba la otra mitad. Veía que se llevaban muchas cosas jugosas entre manos que me despertaron mucho interés y curiosidad, lo que me llevo a entrar en el grupo a principios de mi tercer curso universitario. Aquel año también se embarcaron en la misma aventura: Ana Mastral, Patricia Álvarez y Carmen Lario, seríamos entonces como la tercera oleada de Lisístratas. Fue el comienzo de algo muy vital y muy potente.

Fueron muchas las actividades memorables pero recuerdo con especial cariño cuando pintamos un mural en la pared justo a la izquierda hacia la entrada de la facultad antigua de Filosofía. Creo que fue algo que tuvo mucha presencia donde, además, disfrutamos mucho pintándolo y conversando. También me acuerdo mucho de la charla presentación de Stasa Zayovic, de Mujeres de Negro, en la Casa de la Mujer, en un contexto social de protestas no violentas de mujeres contra la guerra de la Ex-Yugoslavia muy a principios de los 90.


Lisístrata fue una de las cosas más chulas de mi vida porque supuso un disfrute puro de un entorno feminista muy nutritivo de debate, de protesta, de diversidad, de diversión, de chispa y sobre todo, de amistad. Una complicidad muy valiosa con mujeres ya muy cercanas entonces, que lo han seguido siendo décadas después. 

La cultura feminista vivida y adquirida libre y felizmente se ha ido reflejando a lo largo del tiempo en mi manera de decidir, de pensar  y, en definitiva de enfocar la vida, principalmente en el mundo de las relaciones personales, familiares, sociales y laborales. Mi feminismo está muy latente en todos estos mundos e intento aplicarlo en mi devenir cotidiano, sobre todo en el aula. Mucho se lo debo a Lisístrata, es como un legado bonito que cuido mucho y que no para de evolucionar.




¡Claro que sí…!  (volvería al pasado) ¡Disfrutaría de lo lindo! Supongo que mi paso por Lisístrata me abrió los ojos a muchos mundos y contribuyó claramente a hacerme, de alguna manera, el tipo de mujer feminista que soy hoy. Creo que volvería a hacer las cosas de la misma manera.

¿Por qué no, si fue tan gratificante?


Eva Ponz

 

Ya en el Instituto, andaríamos por los 16-17 años, comenzamos nuestros primeros escarceos con el feminismo participando en el movimiento social del barrio. Programa feminista en Radio MAI, Coordinadora de Mujeres de la MIDE, revista Al Margen, Casas de Juventud, siempre guiadas por militantes y exmilitantes de la lucha antifranquista y vecinal. Incluido el profesorado del Mixto 10 que nos alentó y apoyó las acciones y movilizaciones de aquel periodo. Eran los años 80.

El paso a la universidad y nuestra participación en Lisístrata fue algo natural. Vivíamos juntas, ya independizadas, trabajábamos juntas en el recién creado Servicio de Reciclaje de papel de la Uni y así conocimos Lisístrata, creo que de la mano de Carmen. Sería el año 1988 o 1989.

Lisístrata nos abrió una ventana a las teorías feministas, a debates y actividades solo con mujeres y a temas que, hasta entonces, nos sonaban a chino porque pertenecían al mundo adulto al que todavía estábamos llegando. Mujer y Trabajo, Tecnologías de reproducción asistida, Mujer y Cárcel, Sexualidad y lesbianismo, Violaciones, etc. Absorbimos todo lo que llegó a nuestras manos hasta que fuimos capaces de crear. De los debates, de las lecturas, de los momentos y vivencias compartidas surgieron folletos divulgativos, acciones, cineforum, mesas en las aperturas paralelas y debates en diferentes facultades, incluso en Derecho.


De estos años recuerdo mi participación en un estudio sobre sentencias de violaciones y abuso sexual del tribunal supremo, dirigido por una abogada feminista. No sé si todavía alguien lo guarda, me encantaría poder echarle un vistazo.

También recuerdo con mucho cariño la Librería de Mujeres de la que me hice socia y de donde salieron todos los libros que tengo de aquella época. Y como no, los talleres de autodefensa con la Conchi.

Desde entonces no he militado en ninguna asociación feminista pero el feminismo se instaló en mi vida y ha trascurrido de manera transversal. No hay justicia social sin feminismo.

Fue una época emocionante, de crecimiento, de descubrimiento y que moldeó mi conciencia y compromiso social. No añoro volver a esos años pero si, quizás, participar más activamente en el movimiento feminista. Eso sí, la necesidad Lisístrata en la Universidad es casi la misma que entonces.

Esther Moreno

 


 Entré  en Lisístrata en 1985 o 1986, en 2º o 3º de carrera. Manuela me invitó al colectivo, y allí conocí a un grupo estupendo de estudiantes algo mayores que yo. Eran los años de la Librería de Mujeres, que primero estuvo en la calle Maestro Marquina y después en San Juan de la Cruz, y una de las primeras actividades que recuerdo  fue mi colaboración con Amparo y Ana P. en un curso sobre Historia de las Mujeres que coordinó la primera y se impartió en la librería. Aprendí mucho y empecé a conocer que las mujeres se habían rebelado y organizado en incontables ocasiones, no sólo defendiendo sus derechos sino los de toda la sociedad y especialmente los de las clases populares. Recuerdo también los carteles enormes de papel de estraza en las facultades, denunciando el sexismo en la universidad, y las conferencias que organizábamos. Entonces no había feminismo académico en la Universidad de Zaragoza, y trajimos a conferenciantes como Mary Nash o Celia Amorós. 

Igual de importantes eran nuestras reuniones, debates, salidas y fiestas, celebrar y divertirnos, con lo que el feminismo empezó a ser para mí, a la vez, una fuente de conocimiento, discusión y acción colectivas, y un mundo de amistades, afectos y diversión, el bar La Pluma... Conocí en aquellos años también a distintas feministas zaragozanas mayores que nosotras, colectivos como el Frente Feminista, las Mujeres Libertarias, las Mujeres de En Pie de Paz. Algunas Lisístratas íbamos también al gimnasio de Autodefensa Feminista, nuestra maestra era Conchi Arnal.

 



 Al poco tiempo entró una nueva generación en la que también hice grandes amigas que perduran hasta hoy. Con Loli, que desgraciadamente ya no está entre nosotras, y Carmen, fuimos a la universidad ocupada de Turín, y estuvimos allí el 8 de marzo contando sobre Lisístrata. Debates, charlas, jornadas con mujeres como Pilar Clavería, La Rona, presidenta de la Asociación Gitana de Zaragoza, la arabista Gema Martín Muñoz, la antropóloga Verena Stolke, Cristina Garaizábal, Amparo Moreno, Stasa Zajovich de Mujeres de Negro de Belgrado, Michelle Reñé y Nathalie de Greenham Common ... La importante contribución del feminismo lesbiano, el informe sobre Lesbianismo que redactaron Idoia, Patricia y Paz, la necesidad de desmontar los mandatos de la heterosexualidad obligatoria...  Después de terminar mi carrera, entraron a Lisístrata al menos dos generaciones más de estudiantes que continuaron realizando actividades feministas en la universidad, y en la ciudad. 

Lo maravilloso de Lisístrata para mí fue su heterogeneidad y la cantidad de mundos que conectó. Hubo o hay Lisístratas en la Librería de Mujeres, en Greenham Common, en Mujeres de Negro, en el movimiento por la Insumisión, en Ecologistas en Acción, en Mujeres Creando de Bolivia, en la Muestra Internacional de Cine de Mujeres, en el colectivo Ruda, en el GL-GL, en el Seminario Interdisciplinar de Estudios de las Mujeres de la Universidad de Zaragoza, en el Movimiento 8M...  De Lisístrata me ha quedado el gusto por enredarme con feministas para casi todo y, ahora que soy mayor, el intentar siempre abrir los espacios para que otras acudan, con nuevas propuestas, y nos enriquezcamos mutuamente. No volvería al pasado, pero cuento con él, con ellas, para seguir viviendo una vida feminista, en la que la política y los afectos, también los conflictos y los cambios, se cruzan y nos permiten avanzar.